Dentro de Cuba, apenas cuenta con sexto grado de escolaridad y sesenta años de edad. Blas Fortún es uno de esos seres humanos que no abundan. Si es necesaria una misión al Oriente de Cuba, es Blas Fortún quien se ofrece a ir.
Si hay que llevarle algo a un preso no hay ni que pedirle que lo haga, no importa si hace mucho frío, si llueve o si se acerca un ciclón. Si hay que ir a protestar a una plaza, marchar por las calles de Santa Clara, salir a gritar ¡Abajo Fidel! No le importan sus achaques de salud, aún cuando no ha podido recuperarse de las celdas frías y luego calientes en que lo metieron en aquel arresto en Santiago de Cuba.
De nada vale que le imploremos que al menos beba agua durante los arrestos en los calabozos, de allí sale que parece una calavera y ni pide clemencia, de allí sale listo para la próxima acción.
Carpintero, albañil, reparador de goteras, pintor, electricista, siempre listo a tenderle una mano no solo al opositor que lo necesite sino a cualquiera, aunque sea la primera vez que lo haya visto. En Placetas, muchas cuadras tienen la huella de este cubano multi oficio, al que llaman para cualquier arreglo o reparación. Como decimos en buen cubano “todo se lo coge para él y cualquier dolor lo siente como suyo”.
No es muy conocido pero eso no le preocupa, lo suyo es hacer lo que su conciencia y corazón le dicten. Si la oposición no hubiese existido, el la crearía, porque éste es el cubano mas contestatario que he conocido. Lo es en la casa, en la calle, en los calabozos y durante los interrogatorios hay que ver como este hombre mayor y sin mucha cultura, con asombrosa información saca de casillas a sus represores.
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