Asalto al hospital (1ra parte)

A menos de tres metros, nos pasó por delante, el oficial  Idel González Morfi, alias “clavo de línea”, quien con solo mirar a la derecha nos hubiera sorprendido y por ende tronchado el viaje a Santa Clara. Pasó despacio y pensativo sobre su moto Suzuki, apenas lo perdimos de vista abandonamos el lugar y cambiamos el trayecto.

En esta oportunidad éramos Julio Columbié Batista y yo, quienes apelando a una habilidosa estrategia salimos de mi casa rompiendo el cerco que se nos tendía. En ésta ocasión solo tuvimos que caminar unos diez o quince kilómetros para estar fuera de peligro. Luego en ciertos lugares  durante el largo recorrido logramos determinar los medios. El objetivo era una irrenunciable: Santa Clara. Hacía varios días que no se cuantos sicarios de la policía política nacional velaban la esquina de mi vivienda, pero más sabe eldiablo por viejo que por diablo.

A las cuatro de la madrugada franqueamos la puerta de la casa de Idania y Alcides, donde una asustada y siempre muy valiente y hospitalaria Aramilda nos recibió. Amanecía cuando llegaron por nosotros el Coco Fariñas e Idania Yanes, para llevarnos al concreto destino: el hospital donde agonizaban en huelga de hambre Alcides Rivera y Rolando Ferrer. Una vez allí me sentí victorioso y minutos después ya estaba en la sala medicina, cama # 11 con Alcides, visité también en máxilo facial  a Rolando Ferrer.

Entre tantos hermanos, estaban desde La Habana dos matrimonios opositores tan valientes como solidarios: Sara Marta Fonseca y Julio León y el de Odalys Sanabria y Yarisban.

Quedé desde un principio muy impresionado con tanta solidaridad humana, no solo de los opositores, sino de familiares, de amigos y simpatizantes que colmaban el hospital. Todos querían cuidar en la sala a los enfermos, todos querían ayudar y apoyar en algo.  Cada vez que Yris y yo teníamos que bajar aquel laberinto de salas y pasillos de cuatro pisos todos quedaban bajo la preocupación de que podían arrestarnos. Sabíamos que primero la escapada Yris un día antes, luego la mía con Columbié los tenía muy indignados;  aquello empezó a saturarse de efectivos de la policía política y la nacional.

La antesala y entrada del hospital se había convertido en un verdadero bastión de resistencia y abierto escenario de solidaridad  que contagiaba a todas las personas que aparentemente ajenas a nuestro clamor, allí estaban o pasaban también.

Los verdugos de la policía política decidieron ahí mismo de seguro disolver aquello.

Cuando la presencia militar era bastante Idania nos sugirió a Yris y a mi nos trasladáramos de inmediato a la sala a acompañar a Alcides, pues si nos arrestaban era muy difícil volver a Santa Clara. Pensábamos todos ingenuamente que si había un arresto masivo, a los que estuviéramos de acompañantes no los detendrían.

Eran cerca ya de las cuatro de la tarde del lunes, el contacto con el Directorio Democrático de Miami era constante, desde Radio República nos llamaban a cada rato para conocer el estado de salud de los huelguistas y para conocer sobre el operativo militar que se cerraba.

Ya Jorge Jáuregui de Radio Martí como siempre estaba al tanto de todo y nos brindaba la mayor cobertura posible

Cuando regresé de traer a Alcides en silla de ruedas de una radiografía urgente del tórax que le habían indicado en el primer piso del hospital, mi esposa Yris me comunica que aquello allá abajo estaba sumamente tenso y que Idania le había dicho por teléfono que todo indicaba que el arresto era inminente. En eso vuelve a sonar el teléfono de la sala, era Idania para preguntarme como seguía Alcides y para ratificarme que estaban llegando más tropas especiales y de pronto me dice “Oye ya vienen a arrestarnos”. Solo escuchos los gritos de ¡Vivan los derechos humanos! y la llamada se interrumpe…

De inmediato marco desde mi celular al Directorio: “Llamen urgente que están arrestando a todos los activistas allá abajo. Apenas colgué, sonó el teléfono de nuevo, pero no eran los del Directorio era Cubaencuentro, quienes me preguntan sobre los huelguistas y de inmediato les comunico que fuerzas represivas de la tiranía están en esos momentos arrestando a los del plantón y que el arresto de Yris y el mío que estamos en la sala acompañando a Alcides parece inminente. Por la reacción de la joven que está al teléfono de Cubaencuentro, me doy cuenta que no comprende el riesgo que estamos corriendo, porque sigue insistiendo en la huelga y en las demandas que se están exigiendo. Desesperado, le explico a la joven que ya vienen a  arrestarnos, que ya están ahí las tropas de la policía política y la brigada especial que van para arriba de nosotros, por mucho que le insisto no entiende.  Cuánto lamenté en ese momento que la comunicación telefónica no fuera con los del Directorio o con los de Radio Martí, ambos tan familiarizados con situaciones como éstas. Desde Cubaencuentro la joven insiste en los detalles de la huelga y el plantón mientras se despiden ante el inútil intento de que supieran la magnitud de lo que sucedía ahí. Se interrumpe la llamada sin saber lo que estaba sucediendo. Pero afortunadamente Julio Columbié Batista que en eso momentos acompañaba a Rolando Ferrer, al enterarse de lo sucedió ya estaba reportándole  en vivo a los hermanos del Directorio lo que sucedía, tanto con Yris y conmigo, asi como con el grueso de los hermanos del plantón en la planta baja hasta que por supuesto lo arrestaron también a él.

A pesar de que conozco en carne propia de lo que son capaces estos verdugos totalitarios me resulta difícil creer que fueran a allanar una sala de enfermos graves para arrestar a dos pacíficos defensores de los derechos humanos que acompañaban a un paciente reportado grave y al que por ende después de nuestro arresto quedaba solo.

Esperen amigos lectores la segunda parte de Asalto al hospital.

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Publicado por

antunezcuba

Soy un defensor de los derechos humanos en Cuba, un opositor político y luchador anticastrista que pasé 17 años y 38 días en ininterrumpida prisión política por expresar mis deseos de cambio para mi país. Este Blog desdeplacetas nace de la imperiosa necesidad de no solo exclamar consignas y cantos de guerra sino tambien de contar mis experiencias, vivencias y puntos de vistas, y que ademas sepan que no solo me gusta organizar protestas y mítines políticos o declararme en huelgas de hambre o enfrentar a la represiva sino tambien pensar y exponer mis puntos de vistas y argumentos no solo en cuestiones de lucha sino en otros tópicos tambien importantes en la vida.Aunque mi lema de lucha NI ME CALLO NI ME VOY se mantiene y mantendrá incólume, tambien quiero se conozca al Antúnez como ser humano,él que tambien sueña y constribuye desde su modesta posición tanto al cambio como a la búsqueda de un futuro mejor en un sistema libre y democrático, es decir en el mejoramiento humano del que hablaba nuestro apóstol José Marti.

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